El mapa de la semilla argentina
El recorrido de una semilla de cannabis en la Argentina pasa por dos organismos. El Instituto Nacional de Semillas (INASE) registra las variedades y determina cuáles pueden comercializarse legalmente. La Agencia Regulatoria de la Industria del Cáñamo y del Cannabis Medicinal (ARICCAME), en cambio, otorga las licencias para producirlas y desarrollar actividades vinculadas con la industria.
El INASE administra dos registros. El Registro Nacional de Cultivares habilita la comercialización del material de propagación. El Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares, en cambio, protege la variedad durante veinte años a nombre de su obtentor, es decir, de quien la desarrolló. Estar inscripto en uno no implica figurar en el otro: una genética puede venderse sin contar con un título de propiedad, porque el requisito para comercializarla es integrar el Registro Nacional de Cultivares. Un obtentor puede figurar en uno, en ambos o en ninguno.
Esta reconstrucción surge de entrevistas con Gabriel Giménez, que estuvo en los dos organismos. Llegó al INASE en diciembre de 2020 y quedó al frente de la Dirección Nacional de Articulación Federal en los años en que el catálogo más creció. En enero de 2023 se incorporó al directorio de la ARICCAME en representación del Ministerio de Agricultura. Desde ese lugar impulsó, junto con el INAL y la CONAL, la incorporación de los alimentos a base de cáñamo al Código Alimentario Argentino, aprobada a fines de 2023. Dejó el INASE a comienzos de 2024, y su designación en la ARICCAME se limitó con el Decreto 833/2024, de septiembre de ese año. Hoy trabaja como consultor en regulación y desarrollo productivo.
El INASE registra una única especie, Cannabis sativa L., que divide en dos regímenes según el contenido de tetrahidrocannabinol (THC). Las variedades con más del 1% requieren una constancia previa del Ministerio de Salud. Las que contienen menos de ese porcentaje se consideran cáñamo y siguen el procedimiento habitual de inscripción, igual que otros cultivos agrícolas. Aunque responden a regímenes distintos, ambas aparecen juntas en la consulta pública del organismo: CANNPAT ONE, CAT3, PH LOBERA, NÚCLEO UNO, ANANDA001 y CRIAR2202 figuran allí como cáñamo.
El Catálogo Nacional de Cultivares incorporó sus primeras variedades el 5 de abril de 2022. Fueron EVA y CAT3, presentadas en Chilecito, La Rioja. EVA, desarrollada por León Verde, fue la única de las dos que también obtuvo el título de propiedad. CAT3 quedó inscripta por el Vivero del Oeste Riojano SAPEM a partir de una planta desarrollada por el cultivador Daniel Loza. Con ese registro, el cannabis volvió al catálogo oficial después de más de cincuenta años: la última cosecha legal de cáñamo había sido en 1975, y la Ley 21.671 prohibió el cultivo en 1977.
Entre esas primeras variedades, Tropicana y Choco OG fueron las que alcanzaron mayor difusión. “Si bien EVA y CAT3 fueron las primeras, ahí altoke la Tropicana se registró, y fue el primer boom de semilla en venta nacional”, recuerda Giménez. Según sostiene, fue la genética que terminó de darle volumen al mercado nacional, hasta entonces dominado “en el ciento por ciento” por las semillas internacionales.
Tropicana pertenece al banco argentino Sweed Lab y figura en el registro como Tropicana WFC. Está inscripta en el Registro Nacional de Cultivares, no cuenta con título de propiedad y continúa en producción. Entre los bancos internacionales se destaca R-Kiem Seeds, cuya variedad Fancy Gummy también integra el catálogo. Por su parte, Lucía Nazareth De Souza Madeira registró Polaris y Dr. West, de Genéticas Arkham, y se convirtió en la primera criadora del país autorizada para comercializar esquejes.
Choco OG tuvo otro recorrido. La desarrolló 1439, el colectivo de Villa Lugano que tomó el código postal del barrio como nombre. En el INASE figura inscripta como CH1439XMT, a nombre de una copropiedad representada por María Laura Mauro. Es una de las variedades que obtuvo tanto el Registro Nacional de Cultivares como el título de propiedad. Entre quienes participaron de su desarrollo estuvo Nicolás Geniso, socio fundador de Lugannabis y fundador en 2021 de CRIACANN, la primera organización de criadores de cannabis de la región. Murió el 31 de enero de 2024, a los 42 años.
Las 52 variedades registradas se distribuyen entre 24 titulares. El banco de genéticas La Maga concentra siete y encabeza el listado. El CONICET reúne otras seis, todas inscriptas el mismo día de abril de 2023 en Puerto Madryn, gestionadas por la Dirección de Gestión Tecnológica del CONICET (María Dulce Zabalo Mamonde), sobre desarrollos del equipo de Gregorio Bigatti en el CENPAT. Trece titulares registraron una única variedad y cuatro de las genéticas quedaron a nombre de una mujer o con una mujer como obtentora.
El INTA tiene una sola variedad registrada: Cannawine, desarrollada junto con la Asociación Civil Ciencia Sativa. La inscribieron en 2023. Contiene entre un 9 y un 13% de CBD y menos del 1% de THC. La selección se hizo en la Estación Experimental Agropecuaria Bariloche por su rendimiento de flor, la arquitectura de la planta y su ciclo corto. Mariana Kandus integró el equipo obtentor. Fue la primera variedad de cannabis medicinal desarrollada de manera conjunta entre un organismo público y una organización de la sociedad civil.
En el mismo registro conviven nombres como Corazón Dorado y Pastel de Choque con códigos de laboratorio como CH1439XMT. Denise Yacar inscribió su variedad como Fantasma de Hielo, en el marco de la Resolución 695/2023, y la comercializa bajo el nombre Phantom Ice. El registro del Estado quedó escrito por growers e ingenieros al mismo tiempo.
De las 52 variedades, 41 pueden comercializarse, con estampilla de seguridad y rótulo, para usuarios del REPROCANN, organizaciones civiles, universidades y proyectos aprobados por el Ministerio de Salud. La venta libre no aparece contemplada en ninguno de los dos regímenes.
Las 11 restantes quedaron en la situación inversa. El INASE les reconoció el derecho de propiedad, pero no les otorgó el registro de cultivares. Son titulares de la genética, aunque todavía no pueden comercializarla.
Los dos registros no se frenaron al mismo tiempo. El Registro Nacional de Cultivares, que habilita la comercialización, dejó de incorporar nuevas variedades con más de 1% de THC en diciembre de 2023; las de cáñamo siguieron entrando. El Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares, en cambio, siguió otorgando títulos hasta marzo de 2025. En esos quince meses varias genéticas obtuvieron protección legal, pero ninguna consiguió la habilitación necesaria para salir al mercado. En abril de 2024, además, el INASE suspendió la inscripción de nuevos operadores de cannabis, incluida la categoría de criador, y prorrogó la medida en septiembre. Un año después, los criadores todavía reclamaban que se levantara.
“El INASE venía obviando la genética de THC y muy a cuentagotas registrando CBD”, dice Giménez. La proyección que imaginaba era otra: “Yo pensaba que en el 2025 íbamos a tener 300 genéticas registradas, un banco genético estable para el cannabis medicinal, y ya pensando en el cáñamo industrial como cultivo clave de rotación”.
El cáñamo, del otro lado
Del lado del cáñamo, el registro siguió abierto. THANI y SAMAY, desarrolladas por CUMI con el acompañamiento de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, el INTA, el INTI y el INBIONATEC-CONICET, ingresaron a ambos registros en 2025. Ese mismo año también lo hizo BOBYBUVA. Las tres consiguieron autorización para comercializarse cuando, del otro lado, el Registro Nacional de Cultivares de cannabis ya no incorporaba nuevas variedades.
Aun así, la mayor parte del catálogo corresponde a genéticas con THC y CBD. Las variedades de cáñamo industrial son diez, entre las que ya completaron los ensayos del INASE y las que todavía atraviesan el proceso de estabilización. Para Giménez, esa cantidad no alcanza para desarrollar el cultivo a escala. La red de ensayos comparativos que coordinó Carla Arizio, investigadora del Instituto de Recursos Biológicos del INTA, funcionó en nueve sitios durante la campaña 2024-2025 con genotipos provenientes de Europa y Asia.
“El cáñamo industrial es un cultivo estratégico para nuestro país”, afirma Giménez. “Trabajar en el mejoramiento genético por regiones es urgente, y la normalización del circuito de importación y exportación es clave para avanzar en el cultivo y en el desarrollo de los demás eslabones de la cadena.” Para él, la oportunidad sigue abierta: “garantizar trazabilidad de origen con certificación para el cannabis medicinal y el cáñamo industrial, no solo para nuestro país sino para la demanda latam y global del primer insumo de la cadena”.
En Mendoza, Alejandro Herrera inscribió Champi, una genética de cáñamo, en el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares en octubre de 2023. También obtuvo el registro de cultivares y, según Giménez, hoy puede comercializarla. Herrera trabaja con micropropagación in vitro y, según el mismo testimonio, acordó con la provincia de San Juan la multiplicación del material vegetal. La salida comercial del cáñamo, sin embargo, no se limita a la semilla: desde fines de 2023 el Código Alimentario Argentino habilita los alimentos a base de cáñamo y las primeras licencias otorgadas por ARICCAME estuvieron destinadas al cultivo para grano y fibra.
Dos siglos de intentos
Atrás quedan dos siglos de intentos. Manuel Belgrano ya lo había propuesto en su cuarta Memoria Consular, leída el 9 de junio de 1797, cuando planteó el cultivo de cáñamo para fabricar sogas y velas destinadas a los barcos. La última cosecha antes de la prohibición fue la de Julio Steverlynck en Jáuregui, en 1975, con unas 250 hectáreas según Página/12 y La Nación; la Ley 21.671 prohibió el cultivo en 1977. Recién en abril de 2023 hubo una nueva producción experimental en Ferré, Chacabuco y Balcarce, con genética importada, porque la Argentina todavía no cuenta con un banco genético propio.
Los bancos internacionales tampoco pueden traer una genética desarrollada en Europa e inscribirla de manera directa. Las condiciones del verano del hemisferio norte generan estrés en la planta y ese estrés eleva el contenido de THC. El proceso requiere una etapa de aclimatación: la genética base debe reproducirse durante varias generaciones hasta estabilizar sus características. Dutch Passion siguió ese camino con su línea Charlotte’s, resultado del cruce entre Dutch Charlotte y Red Angel, y luego la inscribió en el INASE.
En mayo de 2025, la ARICCAME otorgó a La Maga una licencia para producir y comercializar semilla de cannabis medicinal, la primera de ese tipo según la empresa. No localizamos otra anterior. La noticia se conoció catorce meses después, cuando la empresa publicó el documento en sus redes sociales, ya que la agencia no publica el padrón de licencias que otorga: al cierre no aparecía en el Boletín Oficial ni en el sitio de ARICCAME. En junio de 2026, además, creó un régimen especial para órganos de propagación, como semillas, plantines y esquejes, con tasas específicas y vigencia hasta marzo de 2027.
La estructura que comenzó a construirse en 2022 sigue vigente. Con certificación UPOV y dentro del mismo sistema que registra los principales cultivos de la industria semillera argentina, el cannabis con THC y el cáñamo quedaron incorporados bajo los mismos estándares que especies como el trigo.
Aun así, el registro todavía deja afuera a criadores de referencia como Ramiro Gopar, Mauro La Mónica (Maula), Heaven’s Fruit y Cream Genetics, el proyecto de Revegetar. Según Giménez, son expedientes que todavía no llegaron al catálogo. No figuran en el catálogo al corte de junio de 2026 y, para quienes desarrollaron esas genéticas, esa diferencia define la posibilidad de protegerlas y comercializarlas. El registro es la herramienta que vuelve operativas las leyes 27.350 y 27.669 y responde a una demanda de quienes impulsan esta industria desde hace años. Cuando esas variedades ingresen, el catálogo volverá a moverse.
Un catálogo detenido también refleja una discusión que no se está dando. Para Giménez hay demanda de genética argentina legal en el mundo. Si la hay, ¿por qué el país todavía no exporta? La licencia que la ARICCAME empezó a otorgar en 2025 puede ser la vía que abra ese mercado.
Variedades de cannabis en el catálogo
Titulares entre las que se reparten
Con propiedad y sin permiso de venta
Semilla, soberanía tecnológica e industria · Corte julio 2026
Cómo funcionan los dos registros del INASE, por qué el catálogo de cultivares dejó de crecer mientras el de propiedad siguió avanzando y qué revela ese freno sobre la industria argentina del cannabis.
“Del 22 pensábamos una industria semillera de la Argentina para el mundo. Hoy esa posibilidad sigue existiendo”, dice Giménez.
Fuentes
Sobre las fuentes
El catálogo anota nombres registrales y no comerciales: Choco OG se inscribió como CH1439XMT y la Tropicana de Sweed Lab figura como Tropicana WFC. Los expedientes citados son 20925 (CAT3), 20988 (EVA), 21357 (Tropicana WFC), 21975 (CH1439XMT), 22141 (Cannawine) y 22328 (Fancy Gummy).
Las citas de Giménez salen de entrevistas con la revista, y son lecturas suyas que esas dos genéticas hayan batido récord de elección, que el INASE viniera obviando la genética de THC, que haya demanda internacional de genética argentina legal sin que el país la exporte y que Cream Genetics sea el proyecto de Revegetar. No hay estadística pública de ventas ni de exportación por variedad. La licencia 2025-058 de La Maga no aparece en el Boletín Oficial ni en el sitio de ARICCAME al corte de esta nota; circuló porque la propia licenciataria la difundió.
Nota metodológica
El corte es junio de 2026. Las 52 salen de la solapa de cannabis del Catálogo Nacional de Cultivares, con expedientes del 20925 al 23171. De ellas, 34 tienen los dos registros, 11 la propiedad sin permiso de venta y 7 el permiso sin la propiedad.
Que a una planta le falte una autorización no dice nada sobre quién la obtuvo ni sobre cómo trabaja: el obtentor puede estar en un registro, en el otro o en los dos. Inscripción otorgada tampoco es lo mismo que solicitud publicada; cuando acá decimos que una variedad quedó inscripta, hay resolución.
Las cuatro a nombre de una mujer o con una mujer como obtentora son Polaris y Dr. West, Fantasma de Hielo y CH1439XMT. Las seis del CONICET no entran: la gestión la firma su Dirección de Gestión Tecnológica, pero los desarrollos son del equipo de Gregorio Bigatti en el CENPAT. La Maga es un banco y sus siete tampoco entran. De Champi verificamos el registro de propiedad: que tenga el de cultivares y esté a la venta sale del testimonio.
Corte de datos: julio de 2026 · revistacannis.org/observatorio