Cáñamo, capítulo cero: lo que el país sembró y prohibió
El 3 de septiembre la ARICCAME publicó la Resolución 69/2026. Crea cuatro licencias para producir, elaborar derivados, prestar servicios y exportar flores y biomasa de cáñamo con hasta 1% de THC, con destino medicinal, nutricional, cosmético, veterinario o industrial. Cada una dura cinco años. El cultivo tiene que ser bajo techo, la norma rige desde mediados de octubre y, al cierre de esta nota, la agencia no había otorgado ninguna.
Con esa norma, cada parte de la planta tiene su trámite.
Licencias de cáñamo industrial para fibra y grano, a campo abierto.
Semilla, esqueje y plantín
Régimen especial para las licencias de órganos de propagación. Abierto hasta el 1 de marzo de 2027.
Cuatro licencias para flor y biomasa con hasta 1% de THC, bajo techo, para elaborar derivados.
Para Germán Pereira, el cuello de botella del cáñamo argentino aparece cuando termina la cosecha. Sembrar y elegir genética sigue reglas conocidas. Separar la fibra de la cañamiza, lo que se llama decorticación, obliga a adaptar máquinas agrícolas y a rehacer el proceso industrial. “No es como se muestra en los videos, donde una persona golpea los tallos con una agramadora para sacar las fibras. Eso es un método antiguo”, dice. “Hoy existen máquinas mucho más eficientes, y ahí tenemos que poner la atención en investigación y desarrollo.” La otra falta que marca está al principio de la cadena: hay poco material fitogenético para sembrar.
Pereira lleva más de diez años en el cáñamo industrial. Fundó la Asociación Proyecto Cáñamo, escribió con Roxana Ojeda el Recetario Cañamero y publicó en Cáñamo Chile, THC, Soft Secrets Latam y DolceVita. Fue a ver cultivos a Chile, a Uruguay y a Italia. Coordina el módulo de cáñamo de la Diplomatura en Industria y Cultivo de Cannabis Sativa L., de la UTN Facultad Regional Avellaneda y la Agrupación Cannabicultora del Sur (ACS). Esta serie la escribimos con él. Sus vínculos comerciales van al pie.
Manuel Belgrano leyó su cuarta Memoria en el Consulado el 9 de junio de 1797 y propuso sembrar lino y cáñamo. El dato abre casi todas las notas sobre el tema, y a Pereira no le alcanza: “Si bien Belgrano está bueno, se quedó hace 200 y pico de años con una idea, y listo. Queda muy bien, como algo pintoresco, pero a un productor no le dice absolutamente nada”. Su archivo cuenta lo que vino después: un país que probó el cultivo varias veces, lo midió, le escribió manuales y le puso marca.
En septiembre de 1935, el Ministerio de Agricultura publicó un folleto de 19 páginas: “El cáñamo. Instrucciones para su cultivo”, con datos compilados por el ingeniero agrónomo Juan L. Tenembaum. La advertencia de la primera página dice por qué: “Hay en el momento un verdadero interés nacional en producir fibra de cáñamo porque la industria lo reclama”. El país compraba afuera lo que hilaba. En 1934 importó 831 toneladas de fibra en rama, 1.354 de estopa y 492 de hilo para coser bolsas; en total, 2.132.749 pesos moneda nacional en productos de cáñamo, y más de cinco millones si se contaban tejidos y alfombras. El cultivo, en cambio, “se encuentra todavía en los comienzos y no ha pasado más allá de experiencias realizadas en varias zonas”. El folleto explica rotaciones, siembra, cosecha y enriado, calcula un beneficio de 217 pesos por hectárea bajo riego, y dedica su última parte a la máquina que Pereira sigue nombrando noventa años después: la agramadora, “generalmente la última operación que efectúa el agricultor”.
Tapa del folleto n.º 967 del Ministerio de Agricultura, septiembre de 1935.
Lo que el país importaba: el cuadro de la página 5, con 1.949.851 pesos en 1933 y 2.132.749 en 1934.
Un cultivo de cáñamo, página 9. Foto de La Hacienda.
La agramadora mecánica, página 16: “la fibra se separa del tallo y se limpia”.
Tenembaum, Juan L., El cáñamo. Instrucciones para su cultivo, Ministerio de Agricultura de la Nación, 1935. Biblioteca Digital de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca. Tocá cualquier documento para ampliarlo.
En junio de 1942, La Chacra abrió una doble página con el título “El cáñamo en la Argentina”. Reproducía un cable de La Nación fechado en Paraná el 10 de mayo: en la colonia oficial de Hasenkamp, Entre Ríos, se había sembrado cáñamo a modo de ensayo, con resultados satisfactorios, y el gobierno provincial estaba dispuesto a comprar semilla para sembrar a mayor escala. La nota recordaba que en 1933 el ingeniero chileno Roberto Opazo, el mismo al que cita el folleto de Tenembaum, había escrito en esa misma revista que la Argentina tenía “condiciones muy ventajosas” para el cultivo. Traía fotos de una planta macho, una hembra y un puñado de semillas.
La Chacra, junio de 1942, páginas 12 y 13. La nota sigue en la página 73. Archivo de Germán Pereira.
En 1945, el Almanaque del Ministerio de Agricultura publicó “El cáñamo: importancia y posibilidades de su cultivo en el país”, del ingeniero agrónomo Alberto R. Leira. Leira ya podía mirar hacia atrás. El primer intento a escala industrial, escribió, lo había hecho “hace más de veinte años” la Cañamera Argentina en Tunuyán, Mendoza. En la zona cerealera, sobre todo en Santa Fe, había visto dos modelos: fábricas que compraban la cosecha de tallos y sacaban la fibra por su cuenta, y empresas que compraban solo la fibra y dejaban el enriado a los colonos. Funcionó el primero. Con una agricultura extensiva y cada vez más mecanizada, el colono no iba a ponerse a enriar tallos. Afuera, el cáñamo era un cultivo grande: 870.000 hectáreas cosechadas por año entre 1934 y 1938, unas 370.000 toneladas de fibra, más de dos tercios en la Unión Soviética.
Almanaque del Ministerio de Agricultura, 1945, página 283. Archivo de Germán Pereira.
La serie de estadística agrícola del archivo de Pereira empieza en la campaña 1949/50: 250 hectáreas sembradas con cáñamo para fibra y 45 para semilla. Fue el techo. Al año siguiente la fibra cayó a 25 hectáreas y en el resto de la serie, que llega hasta 1973/74, nunca pasó de 30. Los cuadros tienen más puntos que números: campaña tras campaña sin registro. La semilla reaparece al final, con 278, 230 y 330 hectáreas entre 1971/72 y 1973/74, años en que la Linera Bonaerense seguía sembrando.
El cuadro original: cáñamo para fibra y para semilla, campañas 1949/50 a 1973/74, páginas 50 y 51 de una serie de estadística agrícola. Archivo de Germán Pereira.
“El más emblemático, zarpado, era la Linera Bonaerense”, dice Pereira. “Pero más allá de eso hubo otras producciones: mucho tejido, mucha tela, cuerdas. Había una banda.” El cáñamo que se hilaba en esos años se vendía con marca. En el Número Estadístico de 1950, J. M. Ricciuti e Hijos ofrecía hilo para coser la boca de las bolsas de cáñamo, yute, sisal y formio bajo las marcas El Cruzado y El Chacarero. Es el aviso de la portada de esta nota, y ya avisaba que el hilo de formio o de sisal salía “40% más económico” que el de cáñamo. Delgado & Rubio torcía cuerdas y piolines en Ramos Mejía con las marcas Bagual y Toba. Vicente Panebianco, casa fundada en 1899, vendía cabos de cáñamo en la calle Victoria; Daniel Álvarez Morales, en Belgrano 959; Casa Iturrat, “hilos de puro cáñamo” en Buenos Aires y en Rosario; la Sucesión Tomás Martínez, lona impermeable de cáñamo con la marca La Preferida. Pereira ubica entre 1950 y 1960 el momento de mayor uso de la fibra: hilados, jarcias y textiles rústicos como alfombras, lonas, sábanas y toallas.
Delgado & Rubio, Ramos Mejía. Cuerdas y piolines; marcas Bagual y Toba.
Vicente Panebianco, casa fundada en 1899. Cabos de cáñamo, Victoria 3312.
Daniel Álvarez Morales. Hilos y cabos de cáñamo, Belgrano 959.
Casa Iturrat. “Hilos de puro cáñamo”, Buenos Aires y Rosario.
Sucesión Tomás Martínez. Lona impermeable de cáñamo, marca La Preferida.
Avisos comerciales de mediados del siglo XX. Archivo de Germán Pereira. Tocá cualquier documento para ampliarlo.
El 1 de mayo de 1951, en la apertura de sesiones del Congreso, Perón repasó los productos en los que el país buscaba su “autarquía” con el apoyo técnico y financiero del Estado. La lista está en la página 12 del Diario de Sesiones: “tabaco, té, algodón, piretro, cáñamo, morfina, guayule para caucho, alcanfor, coca y quina”. El cáñamo, entre el piretro y la morfina.
Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, sesión de Asamblea del 1 de mayo de 1951, página 12, columna derecha. La página completa está en las fuentes.
Dos años después empezó la siembra que más duró. Julio Steverlynck, dueño de la Linera Bonaerense de Jáuregui, en el partido de Luján, sembró 6 hectáreas con semilla europea en 1953. Según elDiarioAR, pasó a 180 en 1956 y llegó a un récord de 400 en enero de 1970; La Nación ubica la última cosecha en 1975, con unas 250. Con la fibra fina se hacían manteles; con la gruesa, sogas, cuerdas y suelas de alpargata. En 1977 la Ley 21.671 prohibió el cultivo. No volvió a haber una cosecha legal de cáñamo hasta las licencias de la ARICCAME: casi medio siglo entre la última cosecha de Jáuregui y la Resolución 1/2024.
“Hay que prestar mucha atención con lo que pasa en otros países con respecto a la finalidad y estrategias del cultivo de cáñamo”, escribe Pereira. “Motivados por el precio en el mercado de las flores, muchos agricultores se volcaron por variedades de cáñamo productoras de CBD, pero descuidaron las otras cepas que producen biomasa y granos, siendo dificultoso y problemático luego para todo su desarrollo, porque los cogollos destinados para uso medicinal son cultivados y procesados bajo normas estrictas y costosas de calidad. No sucede así con los derivados de tallos o granos, que no requieren tanta rigurosidad normativa.” La Resolución 69/2026 marca la misma diferencia: la flor llega con licencia propia, bajo techo y con análisis por lote, y el tallo y el grano siguen en el régimen de 2024.
En junio de 2026, el municipio de Carmagnola, en el Piamonte, le dio su denominación comunal de origen (De.C.O.) a dos variedades de cáñamo: Carmagnola y CS, Carmagnola Selezionata. Es un reconocimiento municipal, sin alcance de certificación de calidad ni de protección nacional o europea. Pereira la quiere probar acá: “Con el proyecto de ensayo, que si bien está en construcción, en colaboración con una universidad y dentro de un predio que nos otorgaron, queremos a través de ACS realizar fitomejoramiento y reproducción de genéticas, entre las cuales está la Carmagnola, variedad histórica italiana”.
Las dos notas que siguen salen de ese archivo y van a buscar lo que hoy no hay. A Jáuregui, a ver qué queda del pueblo fábrica y quién compraba esa fibra. A China, que no publica cuántas hectáreas siembra, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. A Carmagnola, en el Piamonte, donde en junio el municipio le dio su denominación de origen a la variedad que Pereira quiere probar en Avellaneda. A Chile y Uruguay, por la semilla y el aceite, y por qué Pereira desconfía de correr detrás del precio de la flor. A Japón, donde la semilla de cáñamo está en la góndola bajo una ley que desde diciembre de 2024 castiga el consumo con hasta siete años de prisión. Y de vuelta a la Argentina: los ensayos con universidades públicas y el INTA, qué genética aguanta el clima de Corrientes y cuál el de Ascasubi, y lo que falta para pasar del ensayo al lote. El orden puede cambiar según el material que consigamos.
En el catálogo del INASE hay 52 variedades de Cannabis sativa inscriptas. Las de cáñamo industrial son diez, contando las que todavía atraviesan los ensayos, según el relevamiento que publicamos en julio. Medio siglo después de la última cosecha de Jáuregui, la genética sigue llegando de afuera: la red de ensayos del INTA probó en la campaña 2024-2025 genotipos de Europa y de Asia en nueve sitios.
Serie Cáñamo industrial · Nota 0 · Corte septiembre 2026
Todo lo que la Argentina ya sabía sobre el cáñamo (y prohibió en 1977).
De la industria que el país tuvo hasta 1975 quedan cuadros de estadística, avisos de hilanderías y una mención de Perón en el Congreso. Ahora la ARICCAME abrió las licencias para la flor de cáñamo; tallo, grano y semilla ya tenían las suyas. Primera de tres notas escritas con Germán Pereira.
La industria que hubo
La letra chica de la Resolución 69/2026 está en nuestra placa del 3 de septiembre , y el catálogo de variedades, en El mapa de la semilla argentina .
Fuentes
Vínculos declarados
Germán Pereira es moderador de RecetasCañameras, un emprendimiento educativo y de gastronomía cañamera, y embajador de PureHemp, en la Argentina, y de Agrofuturo y Nutranabis, en Chile: empresas que cultivan, transforman y venden productos de semilla de cáñamo.
Revista Cannis es operador técnico de datos de la Red de Ensayos de Cáñamo Industrial 2026/27 de AdCannagro y el INTA.
Sobre el archivo
Las imágenes de época son del archivo personal de Germán Pereira: la doble página de La Chacra de junio de 1942, el artículo de Leira en el Almanaque del Ministerio de Agricultura de 1945, los cuadros de cáñamo para fibra y para semilla de una serie de estadística agrícola, el aviso de Ricciuti del Número Estadístico de 1950 y los avisos de hilos, cuerdas y lonas de las otras casas. El recorte de 1951 es del Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados. El folleto de Tenembaum de 1935 está digitalizado en la Biblioteca Digital de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca; las páginas reproducidas son la tapa, la 5, la 9 y la 16.
El gráfico de superficie transcribe los cuadros de la serie; en las campañas marcadas con un punto no hay registro. La serie y las crónicas no coinciden: para 1955/56 los cuadros anotan 20 hectáreas de cáñamo para fibra en todo el país, y las crónicas atribuyen a la Linera Bonaerense 180 hectáreas en 1956. Dejamos a la vista las dos cifras, cada una con su fuente.
Corte de datos: 30 de septiembre de 2026 · revistacannis.org/articulos