Placa N.º 08 · Estados Unidos · The Budget Lab de Yale
Yale propone un impuesto federal al THC en Estados Unidos
Gravar la molécula, no el precio final
Cobrar US$0,00625 por miligramo de THC generaría casi US$58.000 millones en diez años.
El análisis del Budget Lab de Yale —un centro de políticas públicas no partidario dirigido por ex asesores económicos de la Casa Blanca y el Congreso, publicado el 17 de agosto— plantea un cambio de reglas: abandonar los impuestos sobre el precio de venta, que es como grava hoy cada estado, y pasar a gravar la molécula. US$0,00625 por cada miligramo de THC, sobre una legalización federal hipotética que arrancaría en enero de 2027. Si el cannabis pagara por lo que contiene y no por lo que cuesta, la estructura de costos de toda la industria legal se reconfiguraría: el producto fuerte se encarece, el suave se abarata, y la potencia pasa a ser una decisión fiscal.
Traducido al mostrador: alrededor de US$1,31 por gramo de flor, un 15% arriba del precio promedio que usa el modelo. Ese 15% no cae igual en todos lados: cultivo, procesamiento y mostrador tendrían que recalcular márgenes producto por producto, porque el impuesto ya no sigue al precio sino al contenido de cada lote.
Los casi US$58.000 millones —57.900, en el número fino del informe— salen del mapa actual: cannabis medicinal legal en 47 estados más Washington D.C., uso adulto en 24. Si los cincuenta estados legalizaran, la proyección sube a US$111.300 millones. El punto de partida del modelo es un mercado recreativo legal de unos US$25.000 millones anuales, y el informe suma un efecto fiscal extra: formalizar trabajadores y empresas que hoy operan en el mercado ilícito también paga impuesto a las ganancias y cargas de nómina.
Gravar por potencia tiene una lógica conocida: es la de la graduación alcohólica. El impuesto sigue al daño, no al valor — a más THC por unidad, más se paga. Pero esa lógica trae un requisito que los impuestos al precio no tienen: para cobrar por miligramo hay que saber cuántos miligramos hay. Y ahí el propio informe frena y lo admite: el etiquetado de potencia no es confiable.
La evidencia es de este mismo año. Un estudio publicado en Scientific Reports compró 277 productos en 52 dispensarios de Colorado y los mandó a analizar: en concentrados, el 96% estaba dentro del ±15% de lo que decía la etiqueta; en flor, solo el 56,7%. La etiqueta promedio prometía 22,5% de THC; el laboratorio midió 20,8%.
Y el error no es neutro: tiene dirección, porque tiene premio. Un análisis de 710.588 productos de flor en 3.693 dispensarios de treinta estados encontró que la flor etiquetada al 30% de THC se vende en promedio un 8,5% más cara que la del 20%. Otro estudio, sobre casi 200.000 resultados de testeo en Nevada y Washington, detectó que los valores reportados se amontonan estadísticamente justo arriba del umbral comercial del 20% — del lado caro de la línea. Y la investigación de FiveThirtyEight sobre los laboratorios de cannabis documentó la mecánica desde adentro: resultados de potencia manipulados en un laboratorio de Washington, y el técnico que lo denunció afuera de la industria.
Es la tercera vez en un mes que el mismo agujero cruza esta revista. El tope del 5% que pide la columna del New York Times necesita medir la potencia para existir. La certificación que ordena el mercado alemán existe, en el fondo, para garantizar qué hay adentro de la flor. Y el impuesto de Yale necesita el miligramo cierto porque el miligramo es la base imponible. La versión argentina de esa pregunta ya está escrita, aunque nadie la haya leído así: el REDICANN-SALTA le exige al tercero cultivador un informe cromatográfico por cada lote. Quién mide, y cómo, ya es texto de una norma provincial.
El impuesto perfecto ya tiene tasa, escenario y proyección a diez años. Le falta que dos laboratorios, midiendo la misma flor, den el mismo número.
El corte de esta nota es el 28 de agosto de 2026. El impuesto de Yale es un modelo sobre una legalización federal que no ocurrió: una proyección para discutir el diseño, no una política vigente ni un proyecto de ley presentado. El precio promedio por gramo y el aumento del 15% son supuestos del propio modelo, no precios relevados por esta revista. Esta nota continúa el debate de la potencia publicado el 25 de agosto: tope, certificación o impuesto, cualquier plan para el THC empieza por medirlo.
Fuentes
- The Budget Lab at Yale · "Federal tax implications of legalizing marijuana", 17 de agosto de 2026
- Forbes · la cobertura del informe, con las cifras de los dos escenarios (Javier Hasse, 19 de agosto de 2026)
- Scientific Reports (2025) · el análisis independiente de 277 productos de Colorado: qué dice la etiqueta y qué mide el laboratorio
- International Journal of Drug Policy (2025) · los determinantes del precio en 710.588 productos: la potencia etiquetada cotiza
- Journal of Cannabis Research (2021) · el amontonamiento de resultados justo arriba del umbral del 20% en Nevada y Washington
- FiveThirtyEight · "America's Pot Labs Have A THC Problem", la investigación sobre resultados manipulados
- Revista Cannis · el debate del tope del 5%, la nota anterior de esta serie
- Revista Cannis · REDICANN-SALTA, donde el informe cromatográfico por lote ya es norma
La tasa, los dos escenarios de recaudación y la traducción a precio por gramo son las cifras del informe del Budget Lab de Yale, que publica el texto como página web, sin PDF; la nota de Forbes linkeada arriba las reproduce con precisión. Los cuatro estudios sobre medición de potencia están linkeados a su texto original. Uno de ellos, el del umbral del 20%, es de 2021: el amontonamiento de resultados sobre la línea comercial precede al informe de Yale por cinco años. El problema que el informe admite no es nuevo; lo nuevo es proponerle encima una base imponible.
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