¿Quiénes son los principales compradores de cannabis en el mundo?

Alemania, Australia, Reino Unido e Israel. El segundo no es el que se supone, un solo vendedor abastece a los cuatro y cada uno ya levantó su barrera

El ranking de los que compran es corto. Alemania importó 201.094 kilos en 2025, según el BfArM, su regulador. Australia, 81.119 kilos en el mismo año, según los datos de su Office of Drug Control. Reino Unido, 30.061 kilos, según el relevamiento de Prohibition Partners. Israel, 24,5 toneladas en 2024, su último año consolidado, según el Ministerio de Salud; el dato de 2025 venía en camino a un récord pero todavía no se cerró. Después de esos cuatro, la escala cae de golpe: Polonia, uno de los mercados con más pacientes de la Unión Europea, dispensó 5,4 toneladas en 2025, todas importadas.

Y 2026 viene más alto todavía. El 20 de agosto el BfArM corrigió su propio dato del primer trimestre: de 50.539 a 67.569 kilos, un 33,7% más, porque varios importadores declararon tarde. Es el trimestre más alto desde que hay registro; el anterior récord, el último de 2025, había quedado en 60.772. Sobre la cifra sin corregir, Canadá aportaba 26,8 toneladas, más de la mitad, y Portugal 10,3. El segundo trimestre no estaba publicado al cierre de esta nota.

Que Alemania sea primera no sorprende a nadie que siga el tema. Que Australia sea segunda, con más del doble que Reino Unido e Israel sumados, sí. Y es una segunda posición que el propio país está tratando de achicar: el 41% de lo que consume Australia ya es producción doméstica, y la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes le recortó el cupo de importación de 2025 de 101 a 88 toneladas porque las proyecciones venían infladas y había permisos sin usar. Aun así, importó un récord, 5% más que en 2024.

Dentro de ese récord australiano hay un cambio de proveedor que conviene mirar de cerca. Canadá envió a Australia 21% menos que el año anterior, de 62,1 a 49,1 toneladas. Tailandia pasó de 1,1 toneladas en 2024 a 20,7 en 2025: una cuarta parte de lo que Australia importó. Un país que entró al mercado hace tres años ya le disputa el segundo comprador del mundo al primer exportador del mundo.

Reino Unido es el que más rápido crece: duplicó sus importaciones por segundo año seguido, de 14.992 a 30.061 kilos, mientras su cultivo doméstico quedó en 4,9 toneladas. Ahí Canadá hizo lo contrario que en Australia: sus envíos directos subieron 562%, de 2,6 a 17,1 toneladas, y contando lo que entra vía Portugal cubre entre el 70% y el 80% del mercado británico, según Prohibition Partners. Es el mismo movimiento que se ve en Alemania: los productores canadienses empiezan a esquivar el reacondicionamiento portugués, la puerta EU-GMP que la placa sobre la paradoja alemana identificó como la barrera real, y mandan directo.

Israel es el comprador más viejo de la lista y el más conflictivo. Importó 24,5 toneladas en 2024, un récord, desde 17,2 el año anterior, y alrededor del 80% vino de Canadá. En agosto de 2026 reabrió una investigación por dumping contra el cannabis canadiense, que apunta a Tilray, Aurora y Canopy Growth; y la investigación sigue abierta al cierre de esta nota.

Los cuatro tienen el mismo proveedor principal. Sumando lo que Canadá les mandó -93 toneladas a Alemania, 49 a Australia, 17 directas a Reino Unido y unas 20 a Israel, esta última con el dato de 2024- da cerca de 180 toneladas: la mayor parte de las 240 a 276 que Canadá exportó en 2025, según se tome la serie de Statistics Canada o la de los permisos de Health Canada, que no coinciden entre sí. El comercio mundial de cannabis medicinal es, en la práctica, un vendedor y cuatro compradores.

La puerta por la que pasa buena parte de ese flujo también creció. Portugal exportó 66.305 kilos en el primer semestre de 2026, según Infarmed, su regulador: más del 80% de todo lo que sacó en 2025, a un ritmo de 11 toneladas por mes contra 6,7 el año anterior. De ese semestre, 37.442 kilos fueron a Alemania. Una parte es producto canadiense que se reacondiciona ahí bajo certificación EU-GMP antes de seguir viaje, el circuito que describió la placa sobre la paradoja alemana. Y del lado del vendedor hay movimiento societario: el 11 de agosto Curaleaf, la mayor empresa de cannabis de Estados Unidos, lanzó una oferta hostil por Aurora, uno de los tres grandes exportadores canadienses; el directorio de Aurora recomendó rechazarla el 2 de septiembre.

Y los cuatro están levantando barreras, cada uno a su manera. Israel reabrió el 5 de agosto de 2026 una investigación antidumping contra el cannabis canadiense: la anterior se había cerrado por un error de procedimiento, no se había notificado a Canadá antes de abrirla, y la nueva nombra a once exportadoras, entre ellas Tilray, Aurora, Canopy, Organigram y Cronos, con un cuestionario que vencía el 7 de septiembre y todo 2025 como período investigado. La denuncia alega que los productores canadienses venden por debajo de costo gracias a subsidios públicos y a precios internos entre empresas del mismo grupo. Un derecho provisorio puede fijarse a partir de los sesenta días de la apertura, es decir desde comienzos de octubre; al cierre no había decisión preliminar. Tilray, una de las nombradas, respondió que sus envíos a Israel salen solo de su planta en Portugal.

Australia protege por dos lados. La Junta Internacional le recortó el cupo de importación de 2025 de 101 a 88 toneladas, y en paralelo la TGA, su agencia sanitaria, multó a seis empresas y dos personas por publicidad ilegal mientras Ahpra, el regulador de los profesionales, sancionó a más de cincuenta médicos por recetar en consultas de minutos. El 4 de agosto de 2026 la TGA fue más lejos y demandó ante la Justicia federal a dos empresas y a su director por publicidad ilegal, después de once multas impagas por 171.972 dólares australianos. El resultado se vio rápido: las ventas de cannabis medicinal cayeron 28,5% a fines de 2025. El mercado que importa 81 toneladas es el mismo que está achicando la puerta.

Alemania cerró una puerta y tiene otra a medio cerrar. La que ya cerró es la de la obra social: la ley de estabilización de la cuota de las cajas públicas, votada en el Bundestag el 10 de julio de 2026 y en vigencia desde el 30 de julio, sacó la flor de cannabis del catálogo de prestaciones. Los extractos y los medicamentos con dronabinol o nabilona siguen cubiertos; la flor pasa a pagarse del bolsillo, y el sector estima que afecta a unos 65.000 pacientes, cifra que no es oficial. La que sigue a medio cerrar es la reforma del MedCanG, que haría lo mismo con el modelo que disparó las importaciones: prohibir la receta de flor por telemedicina sola y el envío por correo. El gabinete la respaldó el 8 de octubre de 2025, tuvo primera lectura el 18 de diciembre y audiencia en comisión el 14 de enero; las lecturas que la convierten en ley no se convocaron antes del receso de verano, el proyecto sigue en comisión y la Unión y el SPD discuten si prohibir el envío por correo o regular las plataformas. Al cierre de esta nota no se había votado. Reino Unido no discute una ley nueva: cada cargamento ya necesita una licencia del Home Office más la autorización de la Junta Internacional, y el consejo asesor de drogas, el ACMD, revisa todo el régimen con una preocupación declarada por la flor que llega con marcas de aire recreativo.

La tabla es corta también porque pocos países publican kilos. Brasil autorizó 116.372 importaciones de productos con cannabis en el primer semestre de 2026, pero las cuenta por trámite, no por peso, y no informa el volumen: puede ser un comprador grande y no hay forma de ubicarlo en el gráfico. Lo mismo pasa con varios mercados que se anuncian como emergentes. Quien no publica el kilo no entra al ranking, y esa ausencia dice tanto como las barras que sí están.

Cuatro compradores, un vendedor y una puerta que se va cerrando en cada uno. Tailandia tardó tres años en entrar a la tabla por Australia. Lo que decide quién le vende a estos cuatro no es el volumen que se cultiva: es la certificación que se consigue y el precio al que se llega a la aduana.

Fuentes